Hacemos un plan de parto detalladísimo. Elegimos la música, la posición, quién entra a la sala. Y casi nunca pensamos en lo que viene justo después: los primeros días de lactancia.
En los primeros días de lactancia pasan muchas cosas, casi todas a la vez. Nos sorprenden y pueden resultar abrumadoras, porque generalmente llegamos a nuestro primer bebé sin haber visto de cerca esos días en nadie más, sin haber convivido con todo lo que implica el proceso de convertirte en madre.
Hoy me gustaría hablarte de esos primeros días, qué puedes esperar, por qué suele costar leerlos y qué puedes hacer desde el embarazo para que, cuando lleguen, puedas vivirlos desde la calma.
Qué puedes esperar los primeros días de lactancia
Durante el embarazo te imaginas el parto, el momento de ver a tu bebé por primera vez y, si decidiste dar el pecho, imaginas también eso, que le ofreces el pecho, se engancha, come y se duerme, en calma.
Esa imagen de un momento muy bonito, casi idílico, de conexión con tu bebé es real. Forma parte de la lactancia, y va a llegar. Solo que suele llegar un poco después. Los primeros días tienen otra textura, son de aprendizaje, la parte que viene antes de esa foto. Y como todo aprendizaje, es un proceso con errores y aciertos.
La lactancia es un proceso natural y fisiológico. Tu bebé nace con una secuencia de reflejos que lo empujan hacia el pecho. Y tu cuerpo lleva meses preparándose para ella. No tienes que hacer nada especial: no hay que endurecer pezones, ni entrenar, ni ensayar. Todo eso ya está preparado.
Pero también es una habilidad que se aprende. Como montar en bici: tienes la capacidad para hacerlo, pero solo lo consigues con práctica y experiencia.
Dar la teta es una destreza que se aprende con la práctica. Con la repetición del proceso, una y otra vez, vas descubriendo qué funciona para ti y qué no, y tu cerebro va automatizando el proceso.
Al principio, las primeras semanas, dudas de ti misma, tienes miedo de hacerlo mal, tienes que pensar en cómo ponerte, cómo se agarra el bebé, cómo acercarlo al pecho. Y en esos momentos necesitas el apoyo de tus personas de confianza, que te sostengan, que te ayuden a «mantener el equilibrio», que confíen en ti.
A veces hay dificultades. Por ejemplo, puedes tener dolor, o puede que tu bebé no gane peso. En estos casos puedes necesitar apoyo profesional, alguien que te ayude a ver qué está fallando, qué es lo que no funciona, para corregirlo.
Y así, cuando lo has aprendido, cuando las tomas están más automatizadas, puedes hacerlo sin preocuparte de los detalles prácticos, y la vivencia de las tomas se parece un poco más a lo que habías imaginado.
La primera hora de vida: por qué es importante cuidarla y qué pasa si no sale como esperabas
De todo lo que ocurre en esos días, hay un momento que se ha estudiado mucho: la primera hora de vida, con tu bebé desnudo sobre tu pecho.
Tu cuerpo es el hábitat natural de tu bebé. Cuando nace, tu bebé es capaz de reconocer si está contigo o separado de ti. Cuando está contigo, en contacto piel con piel pasan muchas cosas que la ciencia ha estudiado muy bien.
Tu propio cuerpo regula su temperatura, ordena su respiración y el ritmo de su corazón, regula el estrés del nacimiento. Y favorece el inicio de la lactancia, porque esos reflejos que te conté antes que tu bebé tiene, se activan. La primera toma llega antes y la lactancia empieza mejor.
Está demostrado, y funciona después de cualquier parto —también de una cesárea—. Por eso es la palanca más potente que tenemos que cuidar para el inicio de la lactancia.
Eso que hace valiosa la primera hora —la piel que regula, la calma que ordena— no caduca en el minuto sesenta. Sigue estando ahí horas, e incluso días después.
Así que si esa primera hora no sale como la habías imaginado —una complicación, un rato de separación que no pudo evitarse—, el contacto que viene después sigue contando.
Se sabe que el piel con piel iniciado más tarde también sostiene a tu bebé. Es importante cuidar esa primera hora cuando se puede, y también que sepas que si no ha podido ser, recuperar el contacto cuando sea posible también cuida la lactancia, y también funciona.
¿Cómo cuidar la primera hora?
Cuando nace tu bebé, justo después del parto, puedes pedir que pase directo a tu pecho, piel con piel, sin nada de por medio, y que ese primer rato sea vuestro, sin prisas. Que las primeras medidas de cuidado se hagan encima de ti, sin separaros, si no hay un motivo médico que lo impida. Que procedimientos como la vitamina K o la profilaxis ocular puedan esperar a después de la primera toma.
Ni siquiera hace falta que coloques tú al bebé en el pecho: si lo dejas, él busca, porque está haciendo justo lo que vino preparado a hacer. Todo esto puedes solicitarlo, también en una cesárea, donde el contacto puede empezar en el mismo quirófano en cuanto tú y tu bebé estéis estables.
Llevarlo escrito en tu plan de parto y habiéndolo comentado antes con el equipo profesional que te acompaña puede ser muy útil.
“Preparar la lactancia desde el embarazo es cuidar las condiciones para que los procesos fisiológicos se desarrollen, como se cuida la tierra para que una semilla germine”
Entender la importancia de la primera hora y del contacto piel con piel forma parte de cuidar esas condiciones y saber qué hacer cuando no puede darse es una de las cosas que trabajamos en la consulta prenatal.
¿Por qué los primeros días de lactancia pueden costar tanto?
Si te sientes perdida ante los primeros días, quiero que sepas que es normal y que es algo que le pasa a muchas mujeres.
Hay una transmisión de conocimientos que antes ocurría sola. Crecíamos viendo a las mujeres de nuestra familia convertirse en madres, amamantando, viviendo la ambivalencia propia de esta etapa, apoyándose en la experiencia de las mujeres que lo vivieron antes que ella.
Hoy vivimos de otra manera. Llegamos a nuestro primer postparto sin haber visto de cerca a otras mujeres en esta etapa. Y tenemos mucha información. Probablemente más que ninguna generación de madres anterior.
Información suelta, que no está conectada con experiencias reales, que es muchas veces contradictoria o alarmista, que sentencia lo que está bien y lo que no, sin orden y sin contexto.
Muchos datos y, a la vez, muy pocas experiencias reales que nos ayuden a contextualizar e integrar. Esto, en mitad del puerperio, asusta más de lo que ayuda. Y ese miedo dificulta mucho los primeros días.
¿Qué significa leer los primeros días?
Cuando hablo de leer los primeros días me refiero a saber observar e interpretar lo que está sucediendo. Saber interpretar los comportamientos de tu bebé. Saber contrastarlo con la información que tienes y tomar decisiones con calma.
No se trata de estar alerta para descubrir rápidamente lo que va mal. Cuando observas desde ahí todo se convierte en señal de alarma. Y eso no es inocuo. Si estás en alarma permanente descansas peor, lo pasas peor, y tu propia fisiología rema en contra: tu cuerpo necesita calma para que la lactancia fluya.
Por eso, para mí, prepararte para la lactancia no se trata de anticipar lo que puede ir mal, sino de desarrollar la confianza en tu propia capacidad para atravesar la experiencia. Es cambiar el «¿y si algo va mal?» por «sabré verlo, y sabré a quién llamar».
Saber qué es normal, saber observar a tu bebé y que hay unas pocas señales concretas de que conviene pedir ayuda es justo lo que te da la tranquilidad y confianza que necesitas para esta etapa.
Lo que sí puedes preparar durante el embarazo
No necesitas un máster de lactancia. De hecho, mucha información sobre todo lo que puede ir mal suele dejarte más insegura, no menos.
Lo que de verdad sostiene los primeros días cabe en tres cosas: entender qué es normal en esos días, conocer las pocas señales de que algo necesita una mirada, y tener claro a quién acudir antes de necesitarlo.
En mi experiencia como médica —me formé como pediatra en Argentina— y como IBCLC, lo que veo una y otra vez en consulta, es que los resultados no dependen tanto de cuánta información tenías. Importa más cómo llegas al postparto, cuál es tu experiencia previa, tu estado de salud, tus miedos y expectativas. Y haber trabajado tu confianza y tu habilidad para leer lo que está sucediendo esos primeros días, para actuar según tu realidad, no según lo que los libros dicen que tiene que ser.
Eso no cabe entero en un post. Cada bebé, cada cuerpo, cada historia tiene sus matices.
Llegar preparada a tus primeros días de lactancia
La pregunta no es «¿Qué hago para que vaya bien la lactancia?». Esa es una pregunta que te pone en guardia, que genera alerta y cuya respuesta implica controlar todo aquello que pueda ir mal.
Las preguntas útiles son otras. ¿Cómo cuido esos primeros días? Cuando lleguen ¿sabré leerlos? ¿Voy a saber distinguir lo normal de lo que merece una llamada? ¿Voy a saber a quién llamar?
Eso sí se prepara. Y es lo que hacemos en una consulta prenatal. No te enseño posturas de lactancia genéricas ni te doy información de todo lo que puede ir mal y cómo evitarlo. Miramos tu punto de partida —tu historia, tu salud, lo que esperas— y sobre eso vamos trabajando para cuidar realmente lo que tú necesitas. Para que llegues sabiendo leer tu propio postparto, y no el de un manual. Incluida esa primera hora y los primeros días: cómo cuidar la lactancia, cómo saber si está yendo bien y qué hacer si no es así.
No puedo prometerte que una consulta prenatal te garantiza una lactancia sin dificultades. Porque no funciona así. Lo que sí puedo prometerte es que después de una consulta prenatal tendrás claridad y sabrás qué esperar esos primeros días y cómo actuar con calma y confianza si las dificultades aparecen.
Online y en Barcelona. Si quieres preparar tus primeros días con criterio, puedo acompañarte.


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